Todo el mundo prefiere estar en su casa que en el hospital. Sin embargo, una vez que la enfermedad ya va mejor, puede ser normal la aparición del miedo a la hora de volver a domicilio. Creemos que la dolencia por la que acudimos al hospital va mejor porque estamos en el hospital pero cuando volvamos a casa… ¿aparecerá de nuevo?
Habitualmente, la mejoría de la enfermedad que condicionó el ingreso o la ausencia de previsión de complicaciones ni necesidad de tratamientos específicos suele ser la indicación del alta hospitalaria. Diariamente, el médico le comentará la evolución de la misma y si esta es favorable, la posibilidad de alta del hospital.
El hospital es un lugar donde existen muchos microorganismos en el ambiente y, habitualmente, resistentes a los tratamientos (por eso, es más peligrosa una neumonía adquirida en el hospital que en la comunidad). Debido a esto, en el momento en el que el paciente puede ser tratado en su domicilio, es mejor que éste se lleve a cabo fuera del hospital. Además, el hospital tiene muchas herramientas para el tratamiento intravenoso, monitorización de constantes, control analítico o de las heridas, pero nunca aportará el bienestar e independencia que aporta el domicilio.

Durante el ingreso el paciente deambula menos, lo que conlleva un aumento del riesgo de trombosis, estreñimiento y depresión. Los músculos se debilitan condicionando problemas para la deambulación, y el sistema inmune se debilita. Además, en el hospital gérmenes colonizadores que hacen que muchos de los pacientes se infecten incluso por bacterias que no generarían ningún daño si estuvieran en su domicilio, donde el sistema inmune está menos deteriorado.
Si has llegado hasta aquí, momento en que el médico plantea la posibilidad de continuar en domicilio, es que has llegado a la meta del tratamiento. Lejos de tener miedo o ansiedad por ello, disfruta del reencuentro con tus amigos y familiares, déjate arropar y cuidar por ellos y esperamos verte pronto en consulta.


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