Tras el reconocimiento de las diferentes fuentes de estrés relacionadas con el hospital como hemos visto en una entrada previa, emerge la oportunidad de diseñar e implementar estrategias que disminuyan esta exposición adversa. Según este punto de vista, mejorar la experiencia de los pacientes durante la hospitalización podría llevar a una menor sobrecarga por estrés con una recuperación más rápida. Aquí te contamos algunas propuestas.
REDUCIR LA INCERTIDUMBRE Y LAS SOSPRESAS
Una de las propuestas es intentar reducir la incertidumbre y la pérdida de control, evitando así el estrés que generan. Una estrategia es establecer un plan diario a los pacientes en el que encuentren una descripción breve pero precisa de su situación clínica y la trayectoria durante su hospitalización, un programa con las rondas de control y las intervenciones planificadas para el día, así como los objetivos que hay que satisfacer antes del alta. Esto permitiría a los pacientes comprender su enfermedad, tener claras las expectativas relacionadas con su recuperación y retomar el control de las actividades cotidianas. Así, por ejemplo, los pacientes podrían planificar actividades físicas fuera de su habitación sin miedo a perderse la visita del médico y asegurarse de que los miembros de la familia estén presentes para hacer preguntas cuando el médico llega. Igualmente, el simple acto de permitir a los pacientes llevar su propia ropa en lugar de la bata del hospital permite una mayor expresión de la identidad y la personalidad, lo que reafirma que están siendo tratados como individuos.

Asimismo y como ya hemos indicado dentro de las cosas que hacer al ingreso, para los pacientes es importante saber el nombre de los médicos y qué función tienen en su tratamiento, así como el de todas las personas que entran en su habitación. Podrían implementarse intervenciones simples para respaldar este objetivo, tal como mostrar la información del médico de cabecera en un lugar visible de la habitación y pedir a los empleados del hospital que se presenten al entrar en la habitación, junto con un registro correspondiente a disponibilidad del paciente.
GARANTIZAR CONDICIONES APROPIADAS PARA EL REPOSO Y LA RECUPERACIÓN.
El reposo suficiente debería considerarse una parte esencial del tratamiento hospitalario. Para ayudar a los pacientes a mantener el ritmo circadiano y favorecer un estado cognitivo adecuado, es importante que las habitaciones tengan luz natural y un reloj en el que también se muestre la fecha con claridad. Igualmente, durante la noche debería hacerse un esfuerzo para que el nivel de ruido fuera el mínimo necesario y evitar la toma de muestras de sangre u otras intervenciones no urgentes.
FOMENTO DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y NUTRICIÓN ADECUADAS.
Una forma segura y efectiva de incentivar la actividad física en el hospital es que un especialista en fisioterapia elabore un plan individualizado que pueda extenderse al seguimiento ambulatorio. Para ello es importante sincronizarlo con una ingesta adecuada de calorías que tenga en cuenta el estado catabólico inducido por la gravedad de cada paciente. La detección precoz de desnutrición o riesgo de desnutrición en pacientes hospitalizados es esencial para diseñar un plan personalizado que prevenga el empeoramiento del estado nutricional y favorezca la recuperación, y existen estrategias específicas creadas con la ayuda de expertos en nutrición. Otras estrategias, como el control de la ingesta de comida y el asesoramiento nutricional tras el alta, se han relacionado en los ancianos con un menor riesgo de rehospitalización.

PLAN DE SEGUIMIENTO AMBULATORIO.
Otro momento de estrés notable para los pacientes y sus familiares es la transición entre el hospital y el propio domicilio. Durante este periodo a menudo aparecen nuevos problemas, como la falta de conocimientos y habilidades suficientes para cuidar de manera óptima al paciente en ausencia del personal hospitalario. En consecuencia, ya desde el momento del ingreso, debería invitarse a la familia y animarla a participar activamente en el tratamiento del paciente y la toma de decisiones. En ese sentido, debería discutirse con detalle el plan ambulatorio antes del alta, permitiendo preguntas y creando expectativas realistas. El éxito o fracaso de la recuperación de un paciente depende tanto del plan de seguimiento como de la efectividad con que se haya comunicado e implementado dicho plan.

CONCLUSIONES
Hay indicios de la posibilidad de que el estrés originado por distintos factores ambientales y sociales durante la hospitalización pueda producir daño a los pacientes. Aunque en teoría todas las intervenciones clínicas conllevan un posible riesgo de daño, parte de este estrés adicional podría evitarse, y corregirse y minimizarse sus efectos. La implementación de estrategias interdisciplinarias para mejorar la experiencia de los pacientes durante el ingreso hospitalario puede ayudar a mejorar sus resultados.


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